Mi primera gran camiseta

Estaba chiquito. En la primaria. O sea que tenía entre seis y doce años, más o menos. No sé cuándo exactamente le comencé a ir al Necaxa, lo que sí sé es que es el único equipo al que he le ido desde siempre.

En la primaria, y hasta que ingresé a la preparatoria, yo era un niño muy chaparrito y flaquito. La neta era bien malo para comer. Si tenía ocho años parecía de seis o cinco. Siempre fui el primero de la fila en los honores. Pero te lo juro que ya le iba al Necaxa.

¿Por qué el Necaxa? porque ganaban. Porque tenían al ‘Ratón’ Zárate. Porque los veía en la televisión y era el equipo de los niños. Porque eran los mejores.

Entonces mi sueño era vestir con los colores de mis Rayos. Ese era uno de mis mayores deseos. Eso y ganarme una avalancha en el programa de Chabelo, porque mandaba por Correos de México las cartas con mis datos para que me llamaran y poder participar. Me quedé un montón de domingos esperando la llamada.

Y en la casa no éramos ricos, ni tan poco pobres. Ni muy jodidos, ni muy alivianados. Estábamos bien. Así que le pedía a mi mamá que me comprara una camiseta del Necaxa.

¿Pero sabes cuál era el problema?

Que acá en Sonora, en aquellos años, no encontrabas jerseys de equipos de futbol ni por el milagro de Dios. Si acaso del Cruz Azul, América y Chivas. Y nada más.

Y crecí (de años, no de estatura). Cumplía años y yo quería una camiseta del Necaxa, pero no encontrábamos. No había las facilidades como el Internet para encargar una, como hoy en día, y como ya lo he hecho.

Y llegó el año 2000, estaba en las últimas de la primaria, cuando a un costado de mi escuela, la Jesús García en Empalme, de donde soy el segundo o tercer mejor escritor, una tienda deportiva puso a la venta un jersey del Necaxa. Era un jersey hermoso: rojiblanco, con cuellito y pequeños rayitos. 

Así que mi emoción explotó. Ni fui a preguntar el precio, ni nada. Solo la miré colgada y al salir de la escuela me apresuré para agarrar la ruta “Bola” y decirle a mi mamá que me comprara el jersey.

Mi mami, como es a todo dar, aceptó y regresamos al Centro de esa hermosa metrópolis y nos dirigimos al puesto de artículos deportivos y mi mamá preguntó por el precio, y lo bueno es que sí traía ese dinero, entonces bajaron el jersey (el único del Necaxa que tenían) y me lo entregaron para que me lo midiera. El problema es que era un jersey talla ENORME y yo era talla coronavirus. Decir que me quedaba grande es quedarme corto. Me quedaba grandísimo, pero aún así le dije a mi mamá que me lo comprara. Le prometí que comería mejor para crecer y que me quedara y poder usarlo. Entonces pagó el jersey, me lo dieron en una bolsa de plástico transparente y mi sueño se cumplió.

Lo usé en algunas ocasiones, porque era el único jersey que tenía del Necaxa, así que lo portaba con orgullo, aunque me tapaba hasta las rodillas.

Hoy en día aún lo conservo. Tengo 31 años, ya no soy un chaparrito y como muy bien. Pero el jersey sigue sin quedarme.

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