Hace un año

Hace exactamente un año que Kym y yo vivimos juntos.

Aún recuerdo que me levanté temprano, tomé un baño y esperé a mi amigo Ruelas para que llegara por mí y me llevara al aeropuerto, porque Kym llegaba a las siete de la mañana.

Cuando me paré en la sala de espera, ella ya estaba ahí. Llegué un minuto tarde.

Un año antes, la esperé en ese mismo lugar desde las nueve de la noche. Su avión llegó a las once y fue la última en salir. Si medimos el tiempo en fumadas en un clima helado, se tardó cinco cigarros.

Y no te miento, este año ha sido intenso. Por la pandemia, si así lo quieres ver.

De los doce meses, hemos pasado ocho encerrados por completo. Trabajando desde casa. Comiendo mucho y peleando de vez en cuando.

Pero creciendo, supongo. O al menos yo lo he hecho.

A Kym, aparte de que la amo con todo mi corazón, la respeto mucho porque ha aguantado el vivir conmigo. No soy una persona fácil. Puedo pasar de reírme felizmente toda la mañana a estar serio y molesto toda la noche. Y sin saber la razón.

Y ha soportado vivir en este departamento tan chiquito. No es coincidencia que ‘La engañé… en tiempos de virus‘ la haya escrito tan ligeramente. Mucha de la inspiración la encontré en este lugar en el que ahora estoy.

La pandemia nos quitó viajes. Íbamos a ir a la Ciudad de México y teníamos todo listo para ir a Sudamérica.

En lugar de eso, Kym se ha enfocado en dar clases de inglés y yo en escribir. Ella lo ha hecho mejor que yo. Lo sé porque no deja de trabajar y sus alumnos le demuestran mucho amor.

Ha sido un año de aprendizaje. Si alguien me hubiera dicho que mi primera experiencia viviendo en pareja sería de este modo, causado por la pandemia, no la hubiera tomado.

Pero aquí estamos. Tratando de disfrutar lo que podamos. Con proyectos personales. Kym alimentando y haciendo un lugar cómodo para los colibrís, y yo aprovechando el tiempo libre para escribir.

Seguimos encerrados, y a diferencia de Leo, Mujer Bonita y Francesca (La engañé… en tiempos de virus) es que en nuestra relación no ha habido infidelidad y, gracias a Dios, no tenemos ratones. Y eso es algo muy bueno.

Cumplimos un año. El tiempo pasó rapidísimo. Fracasamos con nuestro negocio, pero medio aprendimos a bailar salsa y un poco de boxeo. Y no tengo espacio en la cama, pues duermo en la pura orilla y pegado a la pared, con Kym junto a mí. Ahora, si me preguntas si habrá más años juntos, ¿por qué no?

Porque a final de cuentas, mi concepción del amor es estar con alguien que te impulse a mejorar y que te quiera con razón. Y este año ha sido una muestra de ello. Entonces voy arriba en el marcador y tengo la pelota en estos momentos.

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