¿Por qué celebramos el Día de Muertos?

Generalmente lo que publico en las redes de El rincón de Luna no lo publico en este blog. Pero esta entrada me parece muy interesante.

¿Por qué festejamos en México el Día de Muertos?

Los mexicanos lo celebramos y los extranjeros lo adoran. En tiempo reciente ayudó que la película Coco retratara esta festividad. Lo sé porque mi pareja Kym, de Australia, se ha enamorado de la celebridad luego de ver esa película. La fiesta del 1 y 2 de noviembre se ha popularizado e, incluso, comercializado.

El Día de Muertos es una fiesta en la que se recuerda y celebra a las personas quienes ya fallecieron. Se les hacen ofrendas en donde se le disponen de todas aquellas cosas que el difunto disfrutaba en vida. Los que estamos vivos aprovechamos para beber y comer, un rico pan de muerto, sobre todo (como en la foto). Los que no viven deben encontrar el camino que los vivos les han facilitado a través de veladoras. Es un momento en el año en el que muertos y vivos se reúnen. Panteones, casas, escuelas, oficinas o aceras. El Día de Muertos lo celebramos donde nos sea posible.

Pero todo va más allá de una celebración. Es decir, ¿por qué nos gusta celebrarlo? ¿Por qué en México lo celebramos?

Para comprender la festividad, debemos entender cómo es el mexicano, y Octavio Paz lo hizo muy bien con El Laberinto de la Soledad, ensayo con el que ganó el Premio Nobel de Literatura.

Paz lo explica muy bien. Primero nos dice que para entender el Día de Muertos debemos separarlo en Dos: en la fiesta y en la muerte.

Al mexicano le encantan las FIESTAS y las reuniones públicas, dice Paz, aprovechamos cualquier pretexto para reunirnos y ni qué decir de todas las celebraciones que hay en el País a causa de los días festivos o los días santos, ofrecidos tanto por la República como por la iglesia.

“Nuestro calendario está poblado de fiestas”

Octavio Paz; El Laberinto de la Soledad

Nos gustan las fiestas porque somos un país pobre. Escribió que los países ricos tienen pocas fiestas, porque no hay tiempo ni humor, y que no son necesarias, porque las personas tienen otras cosas que hacer, y cuando se divierten lo hacen en grupos pequeños. En Nueva York o Paris, por ejemplo, cuando el público se congrega en plazas o estadios, es notable la ausencia del pueblo, se ven parejas y grupos, nunca una comunidad.

Pero el mexicano pobre, ¿cómo puede vivir sin sus fiestas que lo compensan de su miseria? las fiestas son nuestro único lujo. Durante las fiestas el mexicano descarga su alma.

Gracias a las fiestas el mexicano se abre, participa, comulga con sus semejantes y con los valores que dan sentido a su existencia religiosa o política. Y es significativo que un país tan triste como el nuestro tenga tantas y tan alegres fiestas.

Y luego viene la MUERTE. La que representa al mexicano, la que ilumina nuestra vida. Si nuestra muerte carece de sentido, tampoco lo tuvo nuestra vida, dijo Paz. Por eso hay que morir como se vive. La muerte, desde antes, no era el fin natural de la vida. Era la continuación del ciclo. Vida, muerte y resurrección. Religión y creencias.

Pero en la modernidad, nos dice Paz, la muerte ha carecido de significación, pero esa intrascendencia de la muerte no nos lleva a eliminarla de nuestra vida diaria.

“Para el habitante de Nueva York, París o Londres, la muerte es la palabra que jamás se pronuncia porque quema los labios. El mexicano, en cambio, la frecuenta, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes favoritos y su amor más permanente”

Octavio Paz; El Laberinto de la Soledad

Y a lo mejor hay tanto miedo como en los otros, pero el mexicano enfrenta a la muerte, no la esconde, ni se esconde, la ironiza y la contempla cara a cara con impaciencia “si me han de matar mañana, que me maten de una vez”, es el famoso dicho.

El desprecio a la muerte no está reñido con el culto que le profesamos, dice Paz, Ella está presente en nuestras fiestas, en nuestros juegos, en nuestros amores y en nuestros pensamientos.

A la muerte le festejamos con calaveras de azúcar, adornos de papel, panes que fingen huesos y hasta hacemos chistes y rimas con la muerte.

El mexicano adula a la muerte, la festeja, la cultiva, se abraza a ella, definitivamente y para siempre, dice Paz, pero no se entrega.

Entonces, ¿Qué podemos aterrizar al respecto de lo que escribió Octavio Paz?

Que el mexicano, que necesita de fiestas, le hizo una incluso a la muerte.

#DiadeMuertos #Mexico #OctavioPaz

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