La carrera de Frankie Val

Esta no es la primera vez que escribo sobre Frankie Val, pero sin duda es la más triste.

Su partida es dolorosa porque se trata de un hombre carismático y luchador. Se trata sobre una persona que siempre buscó el cumplir sus sueños.

Francisco Valenzuela corrió para bajar de peso. Siguió corriendo porque se dio cuenta de que era bueno en ello. Después entendió que tenía esa cualidad única de trotar sin parar.

Y no era velocista, porque quizá todos corrían más rápido que él, pero nadie corría tanto como él.

Primero se abrió camino, literal, en Hermosillo, luego sus pasos lo llevaron a Italia y posteriormente a Grecia. A esta última tierra acudió dos veces porque en la primera cumplió su objetivo a medias. Es decir, allí participó en el Espartatlón, pero se quedó en el camino y no pudo cruzar la meta.

“No lo pude terminar”, dijo, como si fuera fácil, “tengo que intentarlo otra vez”.

Se trata de correr 246 kilómetros entre las ciudades de Atenas y Esparta, para homenajear al mensajero Filípides.

Frankie lo consiguió en su segunda oportunidad. Le tomó 35 horas, 23 minutos y 2 segundos. Fue el lugar 168 de 207 que pudieron terminarla, pero que comenzaron miles de corredores de todo el mundo en ese año 2014. Fue la carrera de su vida.

Frankie era soñador. Soñaba con correr miles de kilómetros y conocer el mundo. Y casi siempre lo hacía con sus medios y con quienes creían en él. Porque era del barrio, de esos que saben cómo abrirse paso por si mismos. Pero no estuvo solo. Hubo quienes le apoyaron. Y eso siempre lo agradeció.

Porque si algo tenía Frankie, era saber ser agradecido y no tener pena en mencionar el apoyo recibido.

A Francisco se le veía correr por todos lados y deseaba correr para todos lados. Quería hacerlo desde México hasta Argentina. Con su artilugio, un vehículo de ayuda que adaptó para acomodar sus cosas.

“Vámonos a Mendoza”, me decía, “yo corriendo y tú en una baika (bicicleta). Sí la hacemos”

Ésto último no lo pudo cumplir, porque este día partió al descanso eterno.

Sin embargo, lo hace con una vida que sirve de ejemplo. Porque motivó a muchos a correr, porque cumplió sueños y porque siempre lo intentó. Y esto último es algo que tenemos que hacer todos.

Esta no será la última vez que escriba sobre mi amigo, porque cada año que se efectúe el Espartatlón, así como en Grecia se recuerda a Filípides, en Sonora se recordará a Frankie Val.

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